La sombra del viento
19 junio, 2011 13:21
Tal parece que en los sufridos montes del Maestrazgo comienzan a brotar de manera imparable, cual explosión otoñal de setas, una nueva especie: Los molinos de viento. Tras el abandono masivo de las zonas rurales, la nueva gestión agroforestal se centra en reforestar los montes y cultivar los campos con parques eólicos y huertos solares, mucho más rentables que la selvicultura y la agricultura tradicionales. Descomunales gigantes se alzan en las cansadas lomas y cabezos de nuestras sierras, la mayoría peladas de tanto batirse con los vientos que ahora se las tendrán que ver con las enormes palas batientes que mueven las gigantescas turbinas generadoras de la mágica energía eléctrica que mueve nuestro mundo.
La “Comunitat Valenciana”, tan preocupada ella, por boca de sus actuales mandatarios, en ser la vanguardia en el desarrollo de la últimas tecnologías y presumiendo de ser excelentes gestores en eficacia y eficiencia ¿-? de lo que sea y la envida del mundo mundial, ha colocado su mayor “Parque Eólico” en tierras del Maestrazgo castellonense en los límites de nuestro Maestrazgo turolense, con el consiguiente destrozo de los altos collados que existen sobre Bordón, en una línea que va desdeOlocau del Rey a la Todolella. Geográficamente, y de momento, al Este nos flanquean los parques eólicos de Forcall, Villafranca, Castellfort, etc. y por el Oeste, en la parte de Teruel, también podemos ver el horizonte erizado de molinos en la vecina comarca de las Cuencas Mineras en zonas como Escucha, Utrillas, Montalbán. No deja de ser un contrasentido que desde la Administración se nos este hablando a todas horas de nuestra opción por cuidar y preservar el medio ambiente, apostando por el “desarrollo sostenible”, por el turismo rural en un entorno privilegiado, y en cambio pretender colocarnos gigantescos “ventiladores” en cualquier loma de la provincia causando un impacto paisajístico brutal, incompatible con esos supuestos buenos propósitos.
¿Pero no son los parques eólicos el paradigma de lo ecológico, de lo renovable y de la sostenibilidad? Así, desde luego no. Puede que la energía procedente del viento sea limpia y renovable, pero hemos de tener en cuenta que una instalación eólica no carece de afecciones en su entorno. Si hay un concepto que recoja bien su incompatibilidad con el paisaje natural y que resuma los impactos en su entorno, este es “industrialización del monte”. De hecho estas instalaciones son eso, una especie de industria, y en un paisaje natural, aerogeneradores, pistas y tendidos eléctricos están sencillamente fuera de lugar. Así que un parque eólico, ubicado en montes que contienen una rica biodiversidad y un alto valor paisajístico, de ecológico tiene bastante poco. ¿Y de la sostenibilidad? Pues tampoco, al menos la de los municipios del interior, que tienen en su riqueza natural y paisajística su principal activo como eje de su desarrollo.
Pero veamos. Ciertamente el viento, a pesar de su naturaleza variable, es uno de los recursos energéticos, que con la tecnología actual, resultan más atractivos para las empresas del ramo. Desde tiempos remotos se viene utilizando el viento para conseguir energía, pero hasta ahora este recurso se había utilizado para diversos usos agrícolas como la extracción de agua, molinos harineros, etc. Actualmente se usa para la producción de electricidad, generada por el movimiento de las aspas de gigantescas turbinas, que transforman la fuerza del viento en energía eléctrica. Como ventajas, que las tiene, diremos que en principio es una fuente de energía renovable, limpia y bastante segura, no produce gases tóxicos por lo que no contribuye al efecto invernadero, ni a la lluvia ácida. No origina productos secundarios peligrosos ni residuos contaminantes, salvo los de la fabricación de los equipos y el aceite de los engranajes. El tiempo de construcción es rápido y además son instalaciones móviles, por lo que su desmantelamiento permite recuperar la zona. Finalmente suponen un beneficio económico para los municipios afectados y para los particulares (canon anual por ocupación del suelo), y la creación de algunos puestos de trabajo. Visto así no deberíamos dudar en optar por este tipo de energía. Pero tras las supuestas bondades de la energía eólica se encuentran enormes intereses económicos que ocultan aspectos oscuros. En primer lugar, hay que tener en cuenta que para que su productividad sea óptima, los aerogeneradores han de ser de un tamaño considerable y estar emplazados en lugares muy expuestos al viento, lo que lleva consigo toda una serie de contrapartidas y consecuencias sobre las que por lo general no se informa debidamente a las poblaciones afectadas. Su instalación supone un negocio muy lucrativo para las empresas que promueven los parques eólicos. El negocio está en el aire, o más bien en las subvenciones, ya que estas energías están fuertemente subvencionadas, pues sin esta ayuda, actualmente la rentabilidad es improbable. Y es que, ¡ojo!, para eludir los controles ambientales y ganar las primas que se dan por cantidad de megavatios en cada parque, lo que hacen las empresas del sector es dividir hábilmente sus proyectos en infinidad de pequeños parques, cuando en realidad se trata en su conjunto de macroparques de varios centenares de molinos. La clave está en pedir un parque para una potencia de menos de 49 megavatios, límite de autorización de las autonomías. Por otra parte, el tiempo de amortización de los parques, con una previsión de vida de unos 30 años, está establecido en 10 años e incluso menos, merced al sobreprecio a su kilovatio, con lo que se consiguen rentabilidades entorno al 15% anual. Finalmente, una condición esencial para garantizar la viabilidad de los proyectos eólicos es la obtención de suelo muy barato y ese suelo se puede obtener fácilmente en el medio rural y concretamente en la cima de las montañas, ya que en teoría ese suelo “no vale nada” pues no se le da ningún uso salvo el forestal, cinegético o el medioambiental. Pero veamos, aunque sea de manera sucinta, cuales son los aspectos negativos que provocan estas instalaciones:
- Impacto visual: su instalación genera una interrupción de la armonía paisajística, provocando una alta modificación y degradación del paisaje, alterando el aspecto original de lugares emblemáticos, con la pérdida irreparable de buena parte de nuestro patrimonio natural.
- Zonas de enorme afección: desmontes, caminos para el transporte, etc., que limitan el futuro uso del suelo de una gran extensión de superficie alrededor de las instalaciones de los parques, devaluando las propiedades afectadas.
- Impacto sobre el ecosistema: en especial sobre la flora endémica de las zonas montañosas; sin olvidar el incremento de la contaminación que supone la realización de un plan eólico al requerir la utilización masiva de metales, sustancias químicas, cementos, etc.
- Impacto sobre la avifauna: efectos todavía no bien conocidos sobre modificación de los comportamientos habituales de migración y anidación de aves. Y de modo más llamativo los accidentes mortales que están sufriendo, sobre todo las rapaces, por el choque contra las palas. Desde el último año de 2007 y lo que va de 2008 se han encontrado muertos por impacto en la zona de Castellón, a falta de actualización de los datos, alrededor de 220 buitres leonados y algunas otras rapaces. Esto según datos oficiales y sin tener en cuenta que no todas las aves que chocan son encontradas por caer alejadas o por ser devoradas por zorros. Además de que podemos pensar que los técnicos de mantenimiento de los parques tengan instrucciones de enterrar todo cadáver con el que se topen para minimizar el verdadero alcance de la “masacre”.
- Impacto sonoro: el roce de las palas con el aire produce un ruido sordo y constante (43dB(A)) Aunque faltan estudios sobre el impacto sonoro y las vibraciones que en las proximidades de los parques ejercen sobre el hábitat, es evidente el trastorno sobre cualquier persona sometida constantemente a esa tensión.
- Impacto de tipo electromagnético: las estructuras electro-eólicas de gran potencia y las redes de Alta Tensión que llevan aparejadas, acarrean ciertos problemas somáticos todavía no bien estudiados Además de interferencias y perturbaciones en emisiones radiofónicas y de TV, etc.
- Impacto sobre accidentes: Los aerogeneradores no son instalaciones del todo seguras ya que pueden provocar graves accidentes por roturas de las aspas o bien provocar incendios forestales como ya ha ocurrido.
- Destrucción de yacimientos arqueológicos durante las instalaciones. Etc.
En definitiva todas estas contrapartidas deberían estar presentes y valorarlas adecuadamente a la hora de hacer un balance sobre los posibles beneficios que nos podría reportar la instalación de un Parque Eólico, pero como es habitual carecemos de la correcta información sobre el verdadero impacto que tendrán los aerogeneradores y las profundas transformaciones que pueden alterar los paisajes que todos disfrutamos o de los que dependen nuestra economía actual o futura. Porque información, salvo excepciones, ha habido la justa, y muy lejos desde luego de lo que debiera ser una correcta exposición pública que permita presentar las debidas alegaciones en tiempo y forma. Como bien podemos deducir de los inconvenientes referidos, uno de los principales problemas que plantea el desarrollo del aprovechamiento de la energía eólica estriba en la dificultad de encontrar y disponer de emplazamientos adecuados y en número suficiente. Por otra parte hemos de tener en cuenta que de momento, tanto las centrales eólicas como solares no se plantean como alternativa ecológica de nada, si no que forman parte de un mismo modelo desarrollista, de una política energética que en su conjunto está asociado a los macro-proyectos de centrales térmicas a gas natural, de la energía nuclear, etc. Por lo que no se trata de entrar en la dinámica del falso debate de a mayor consumo o demanda mayor producción, sino todo lo contrario, decrecimiento en el consumo y mayor eficacia energética en las instalaciones y aparatos eléctricos, pues todavía existe un margen muy grande en el ahorro mediante el consumo consciente y las buenas prácticas ecológicas, mejorando la eficiencia de lo que consumimos.
Pero de todos los inconvenientes expuestos uno no se percata realmente de ello hasta que los sufre. Por eso creo que en general el mito eólico se convierte en un timo, porque estas energías se introducen con engaño, con promesas y esperanzas que la cruda realidad se encarga de desmentir. Municipios de la Zona 3 del Plan eólico Valenciano en la Comarca de Els Ports en Castellón ya se están arrepintiendo de haber apoyado la instalación de estos parques. En los municipios del alto Maestrat como Morella, Villafranca, Todolella, etc. el número de puestos de trabajo generados apenas alcanza la docena, cifra muy inferior a la prometida en su día por la empresa promotora. También las ayudas económicas han sido muy inferiores a las que se habían barajado inicialmente y además se perciben a través de la Agencia Valenciana de la Energía (AVEN) en lugar de percibirlas directamente los ayuntamientos. Por otra parte, muchas de estas ayudas se destinan, como en el caso de Els Ports, a la reconstrucción del medio ambiente y de los yacimientos arqueológicos previamente destruidos. Por este hecho y por no respectar espacios protegidos de la Red Natura 2000 (LICs, IBAs, ZEPA) e incumplir varias Directivas Europeas, el Estudio de Impacto Ambiental está siendo investigado por la Comisión Europea, por el Síndic de Greuges y por el Parlamento Europeo. En nuestro Maestrazgo turolense, los Ayuntamientos de Bordón y Castellote, reclaman a la Generalitat Valenciana por vía judicial, bien la paralización y el desmantelamiento del parque o una compensación económica por los daños que ocasionan los cerca de 100 aerogeneradores instalados en el límite con estos dos municipios, compensación similar al beneficio económico que por el rendimiento del parque eólico obtienen los pueblos castellonenses en cuyos términos están instalados (La Todolella, El Forcall y Olocau del Rey). Muchos de los molinos se encuentran a menos de 100 metros del límite con los municipios turolenses y muy cerca de los núcleos de población, de manera que los vecinos oyen día y noche el zumbido que producen las aspas. Además, el paisaje ha cambiado por completo y cada vez que sus habitantes abren las ventanas de sus casas, ven el horizonte erizado de estos aparatos; la fauna autóctona ha huido de la zona y sobre los campos agrícolas más próximos se proyecta ahora de modo permanente la sombra del viento de los aerogeneradores…
Nuestra sociedad, la sociedad de consumo basada en la “economía de libre mercado”, eufemismo con el que ahora se designa el Capitalismo, tiene la capacidad de fagocitar y digerir todos los movimientos contestatarios que surgen en su seno y la Ecología no podía escapar a ello. Estamos asistiendo a la descarada mercantilización de la problemática medioambiental que se convierte así en una nueva oportunidad de negocio. En nombre de lo “ecológico” se crean etiquetas verdes para vender mejor productos que no tienen nada ecológico y encima nos los venden más caros. Al final lo que siempre encontramos es que los intereses de unos pocos prevalecen sobre el interés general, y es de sentido común que el interés general pasa en primer lugar por preservar nuestro patrimonio natural y paisajístico. El Paisaje Protegido es una forma eficaz de garantizar la pervivencia del medio y tiene un valor añadido muy notable en la compensación económica que conlleva; además de ser un hecho diferencial en la gestión y ordenación territorial. Con todo ello, quiero dejar claro que no me manifiesto en contra de este tipo de energías renovables, en especial la eólica, pero sí contra de la masificación y colocación desenfrenada y sin criterios claros de aerogeneradores: “¡Energía eólica si, pero no en cualquier lugar ni de cualquier modo!”. Entiendo que su instalación debe hacerse en aquellos parajes en los que tengan sentido, pero no a costa de las zona protegidas, no al lado de monumentos naturales o de entornos privilegiados. Además, desde el punto de vista paisajístico los parques eólicos no cumplen con la recién aprobada convención europea del Paisaje. Ya se han inundado demasiados hermosos valles y pueblos, ya se han destruido muchos bellos paisajes, y ya se ha contaminado todo lo que se podía contaminar, de modo que ya es hora de que hagamos las cosas bien y trabajemos más y mejor por una sostenibilidad verdadera que compatibilice y respete el entorno natural.
A pesar de todo, tal vez sea este el último verano que pasemos disfrutando de los bellos y sugerentes paisajes del Maestrazgo. El riesgo de degradación que se cierne sobre estas hermosas tierras es inminente y no sólo debido a los parques eólicos o los huertos solares, a ellos hay que añadir las líneas eléctricas de evacuación, y aquí parece que no nos andamos con tonterías. Está previsto que el Maestrazgo sea atravesado por una verdadera autopista de la electricidad, que además serviría para abastecer a las zonas de ocio costeras, cuando lo que se necesitaría son centros de producción eléctrica próximos a los lugares en que se consume porque son más eficientes. Y lo que no parece tener lógica es que siendo Aragón un gran generador y exportador de energía, tengamos que recurrir a nuevas fuentes para garantizarnos la subsistencia. No es entendible bajo ningún punto de vista como se puede atentar de forma tan brutal y atroz contra el propio entorno natural con lo que ello supondrá de repercusión negativa respecto a su principal activo turístico. Y todo ello, con la excusa de lo ecológico y del dudoso desarrollo de los municipios de interior. Perversa ironía. El conflicto visual de los parques eólicos con el paisaje, además de poner en riesgo otros valores como la biodiversidad o la tranquilidad del campo, radica en la saturación que se produce con una implantación abusiva. La contaminación visual de los parques es evidente desde su visibilidad lejana y desde lugares inesperados. Miremos a donde miremos, caminemos por dónde caminemos, siempre nos encontraremos con su imagen repetitiva. Es la diferencia entre un paisaje con molinos, o un paisaje de molinos. Por más que se empeñen sus promotores mostrándonos sus aerogeneradores con bonitas puestas de sol o comparándolos con los bucólicos molinos quijotescos de las Mancha, tan integrados en el paisaje; ni aquellos miden cien metros, ni se construían en cumbres, ni necesitaban enormes pistas de acceso y desmontes, ni iban asociados a transformadores y tendidos de alto voltaje cruzando el paisaje. Y no crean que exagero ¿Se han preguntado de cuántos bellos parajes podremos disfrutar sin la clónica visión de los molinos o que no se vean cruzados por los perturbadores tendidos de alta tensión? ¿En cuántos podremos caminar con la tranquilidad y el silencio necesario para oír el siseo de las hojas movidas por el viento, el susurro de un arroyo o los alegres trinos de los pájaros? Con este nuevo paisaje tan peculiar, los aficionados al montañismo, al senderismo, a la bici de montaña, a la fotografía paisajista, etc. deberán acordarse de quienes han consentido en cometer semejante tropelía contra el paisaje. Todo ello nos lleva a plantearnos de nuevo el problema del modelo de desarrollo socioeconómico actual, que es por su propia naturaleza insostenible e irracional en su totalidad. Sólo con la declaración del”Parque Natural del Maestrazgo” se evitaría que nos viéramos invadidos por semejantes clones. En nuestro pequeño ámbito, luchar contra estos “gigantes” eólicos supone enfrentarnos cual quijotes a la irracionalidad, y exige denunciarlos como una nueva agresión a los ya sufridos y resignados pueblos del Maestrazgo.
José A. Hernández Gil